12 feb. 2013

Decoro y 50 sombras

Envuelta en mi bata reviso la prensa cuando un titular me llama la atención: "Normas de decoro sólo para mujeres". La organización de una gala de premios (a la que no me voy ni a referir) se cubre de gloria llamando furcias a sus invitadas de honor antes de que elijan su vestuario.

Y es que a ver, ¿a qué ser humano coherente le puede gustar un cuerpo labrado con lechuga y abdominales?. Resulta que ya no sólo se exige un mínimo (muy máximo) de talla, altura y belleza para poder triunfar en el mundo sin escrúpulos que es la industria musical, sino que además te van a decir cómo esconder ese esfuerzo porque hasta el Papa ha tenido que dimitir por calenturas provocadas por semejantes carnes aireadas.

¡Menudo morro! resulta que la curvilínea vuelve a ser pecaminosa, tanto o más como la triología de marras que tiene a todo el género femenino comprando látigos y esposas. ¡Habráse visto! una mujer mostrando que se pone caliente con la literatura erótica, que dios nos coja confesados...

La mujer del siglo XXI no sólo enseña su cuerpo sin pudor ni complejos, además también tiene deseos sexuales. La contrariedad se apodera de mí, cómo puede ser que una sociedad que nos acribilla en cada periódico deportivo con una rubia de pechos sospechosos y ropa interior accidentalmente encogida, pueda ahora asombrarse de que las mujeres en soledad puedan motivarse sexualmente. 

Para evitar esa motivación en los hombres, ya se ha encargado el protocolo de los Grammy (uy) en asegurarse de que ningún ejemplar femenino de buen ver muestre sus encantos. Aunque a buen seguro la pierna maravillosa, morena y gruesa de JLo bastó para que a alguno le temblase la barbilla. Y por galantería, si yo hubiera sido hombre invitado a esa gala me hubiera presentado en boxers bien apretaditos y que les quiten lo bailao (y que yo lo vea).

Mientras, me levanto y cambio con indignación el guatiné por el camisón de satén en solidaridad: hay piernas, escote y demás partes lógicas que forman la anatomía humana. Por mucho que me pare a observar no encuentro en ningún lado al demonio. Así que señoritas, señoras y ancianas el sexo y el cuerpo se enseña y se habla con el pudor y la censura que cada una misma desee imponer. 

Porque no, no somos ni Eva ni María. Amén.



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